Solo hoy descubrí que la gente no muere y asesina de noche, me había forjado esa idea porque en los continuos viajes con mi padre a recoger la leche que don Roque nos daba a un precio muy cómodo, en su pequeña parcela de diez vacas regordetas, en aquellas madrugadas muchas veces habían cadáveres en la orilla del camino, no recuerdo cuando apareció el primero, papa los divisaba y me decía - tápate los ojos-. Antes solo me hacia mirar hacia un lado, pero cada vez eran más y estaban diseminados por todas partes, a veces abría los ojos haciendo trampa y lograba ver los cuerpos, me turbaba su desnudez, sus sexos expuestos sin preámbulos, sin su pudor, sin su intención, me quedaba callado, absorto durante el camino, tratando de espantar esos recuerdos como insectos indeseables, con su zumbido cerca de mis oídos, a mis ojos, a mi boca. Papa que salía radiante, lleno de energía, entonces caminaba mirando al frente fijamente, con el ceño fruncido y apretaba mi mano con más fuerza, alguna vez vi que se le escapó una lágrima, pero no le dije nada, seguía paso a paso sintiendo que los muertos me llamaban para que les mirara sus cuerpos, pero no volteaba para que papá no me regañara. Hoy cuando regresábamos en plena mañana había un revuelo en el pueblo, todos corrían hacia la plaza, yo quería despegarme de la mano de mi padre y salir corriendo con los demás para ir a mirar que pasaba, al mismo paso de siempre llegamos y entre la multitud logramos divisar varias personas tendidas en el piso, con la sangre todavía viva saliéndoles a borbotones, también estaban desnudas, y hoy y para siempre también recordaré la vergüenza que sentí cuando le pregunté a papa que- ¿por que los desnudaban?- Y papa respondió, como respondía siempre que tenia rabia, sin gestos, sin énfasis, sin sobresaltos en un tono parejo, -porque esos hijueputas creen que si vemos un culo, a nosotros se nos va a olvidar la muerte.
martes, 13 de mayo de 2008
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