domingo, 18 de mayo de 2008

LA BIBLIA BIZARRA

Dios se levantò el octavo día aperezado y maldijo el lunes para siempre, sin querer, sin ser conciente aun de la magnitud del poder de sus pensamientos, del daño o del bien que cada acto suyo producía en la totalidad, en lo infinito, en lo posible y en lo imposible, trato de cerrar la ventana cósmica con sus poderes para que el insolente sol no lastimara sus ojos pero había quedado demasiado exhausto, porque no solo le tocò diseñar también le tocò poner la mano de obra en la creación del universo, aun acostado en su lecho eterno pensó para si mismo que el sol era bastante molesto para sus ojos adormilados y lo condenò a muerte, a envejecer a extinguirse en su propia grandeza, trato de cubrirse con las manos para que no le siguiera hiriendo sus ojos celestiales, los hombres y demás criaturas nos asustamos porque para nosotros todo había existido desde siempre, no teníamos un comienzo, una referencia, y ahora ver el sol oscurecerse de repente en aquella mañana de lunes nos espantò, nos aterrorizo hasta el tuétano, después se nos volvió tan común verlo apagarse que simplemente le dimos nombre, alguien lo llamo eclipse y los perezosos lo aceptamos, ahora agradecemos que la invención del sombrero es total y completamente del hombre o de no viviríamos en una oscuridad casi permanente. Dios abrió la puerta y respiro hondo desacomodo algunas galaxias con la inhalación, removió los árboles , se produjeron las mareas y con su exhalación empezó a moverse el universo, sintió el sabor fermentado de su saliba y escupió algunos cometas hediondos en infinitas direcciones, solo observábamos espantados porque todo era en extremo novedoso, los acontecimientos y los pensamientos sobre los acontecimientos eran una novedad y aquel ser tan poderoso que crearíamos en un futuro para evitar la sensación de desamparo y para poder culparlo de nuestras imperfecciones se estaba comportando como un niño egoísta- algo nos faltaría en el futuro -aprendimos con dolor que no somos capaces de tener en cuenta todos los detalles de nuestros deseos y ahora aquel ser al que le dimos tanto poder nos estaba afectando sobre manera en nuestro pasado, nos estaba arrancando la tranquilidad, aquella paradoja temporal de algo creado en el futuro para que cree a sus creadores que seria tan fácil de deducir tiempo después, ahora era un laberinto sin salida que se revolvía con nuestra sangre y nos daba cierto dolor hepático. Del miedo pasamos al espanto, y del espanto al pánico de ver aquel ser monumental escupiendo fuego, decidimos simplemente vivir sin tratar de darle sentido sin resolver esa pequeña inconsistencia creativa, todos lo mirábamos con asombro, los animales, los hombres y hasta las plantas, teníamos la cabeza levantada observándolo, era nuestro espectáculo, pero el espectáculo termino después que dios se miro al espejo y trato de emparejarse la barba con un rayo cristalizado, porque en ese instante-cotidiano apartir de ese momento- se oyó un ruido estruendoso, macabro, todos nos miramos y reconocimos el sonido, era inconfundible, solo teníamos unas pocas horas de vida pero en los recuerdos, en aquella memoria básica estaba grabado junto con el canto de los pájaros, el sonido de las olas, el silbido del viento, de las serpientes, el trueno en las tempestades, el llanto, la vos, los diferentes sonidos de los animales, el suspiro, en fin, todos y cada uno eran reconocibles por cualquier criatura recién viviente, empezamos a retroceder porque sabíamos que dios tenia hambre, su estomago crujió como un maremoto algo inmedible, la turbulencia de sus ácidos nos hizo temblar las piernas, hasta al mas pequeño insecto sudò frío porque algo no estaba en nuestra memoria básica y era el conocimiento de la dieta de nuestro creador, de nuestro futuro creado, talvez comería planetas, estrellas, posiblemente comería espacio, manojos de oscuro espacio y con eso llenaría su infinita panza, no sabíamos, así que ante la duda corrimos, corrimos por nuestras vidas y estrenamos el instinto de supervivencia, así que se podrán imaginar lo que sentimos, podrán imaginar como corrimos empujados por aquella sensación nueva, flagelándonos como a caballos, todos íbamos llorando por el pánico y por la tristeza de dejar atrás a las plantas a los árboles, mirábamos hacia atrás y ellos extendían sus manos inexistentes, se halaban sus piernas empotradas en la arena, pero era inútil, yo vi un lirio rosado que todavía miraba a dios y me miro con un rostro de resignación pasmoso, estaba entregado a su suerte entera y completamente, lo arranque con gran velocidad y me miro aturdido lo puse contra mi pecho y corrí con todas mis fuerzas, descubrimos las cuevas y alguien le puso nombre en ese primer grito, dijo: “a las cuevas” y todos entendimos que eran las cuevas, hasta los animales lo entendieron, la carrera era desaforada, nos atropellamos unos a otros, había animales caídos pisoteados, algunos hombres también quedaron heridos después que les pasaban toneladas y toneladas de carne bestial de bisontes, mamuts, dinosaurios, cabras y todo ser que tenia manera de correr, nadie ha querido decirlo en vos alta pero después de aquella maratón por la supervivencia, los hombres y los animales nos distanciamos, no volvimos a entendernos, no volvimos a reunirnos, quedaron muchas fisuras en aquella cobarde actuación que nos hizo dejar atrás a muchos compañeros y lo hicimos sin intentar detenernos siquiera sin percatarnos de que o a quien pisoteabamos, ingresamos a las cuevas un sin numero de especies incluyéndonos a nosotros y no nos detuvimos a mirar quienes quedaron en el piso, allí jadeantes y sudando copiosamente sentimos un estremecimiento,- literalmente hablando-, miramos hacia la entrada de las cuevas y eran los dinosaurios, desde tiranosaurios, megalosaurios hasta los mismos terodáctilos pero aquellas bestias inmensas bloquearon las entradas con sus monumentales cuerpos y nada ni nadie mas pudo entrar a las cuevas, no había manera de prever que aquellos gigantes no cabrían en las cuevas, fuimos testigos de su afán de su desespero, pero allí solo se podía sentir miedo por si mismo, todos nos acurrucamos a esperar, los dinosaurios y los demás que quedaron afuera dejaron de forcejear y esperaron al igual que nosotros. La respiración se calmo, la sangre se volvió serena en nuestras venas pero solo fue para arrancarnos el aliento de un zarpaso porque vimos como las entradas de las cuevas fueron abiertas instantáneamente porque dios tomaba por la cola a cada animal atorado en la entrada y los levantaba hasta las nubes y los comía con una habilidad pasmosa como si ya estuviera acostumbrado a comer lagartos gigantes, solo dejaba los esqueletos casi intactos, se los despacho a todos, por primera vez escuchamos el lamento de la muerte el rugido melancólico de las bestias condenadas que solo se convertían en un armazón de calcio, aprendimos que la vida era tan frágil y la muerte tan estática que era como si el tiempo se detuviera en los huesos y el alma se convertía en ese polvillo que quedaba sobre los costillares inmensos, fue un exterminio veloz, los dinosaurios y otros animales grandes, simplemente desaparecieron, sus huesos y sus pieles nos sirvieron los unos para construir armas porque aparentemente los huesos le astillaban sus encías y las pieles nos sirvieron para cubrirnos, nos forramos en ellas porque para èl no tenían buen sabor así que nos amarramos las pieles al cuerpo por si nos capturaba cabía la leve posibilidad que por estar recubiertos y amarrados firmemente a nuestro cuerpo, se diera por vencido y no tomara la opción de pelarnos, duramos mucho tiempo entre las cuevas, temerosos y desocupados, así que algunos nos ejercitábamos, otros se dedicaban a buscar la manera de darle mejor forma a nuestros forros de piel de dinosaurios e hicieron prendas que ormaban perfectamente a nuestro cuerpo, ya no parecíamos restos de dinosaurio caminando si no que ahora parecía nuestra propia piel y era muy cómoda para correr en caso de emergencia, el tiempo pasaba y nos cansamos de alimentarnos de la leche de los animales, eso no era suficiente y nadie se atrevía a buscar frutos fuera de las cuevas y en la noche era imposible solo algunos animales podían ver en la noche y no tenían la capacidad de cargar alimentos así que mientras ellos engordaban y gozaban de una lozanía y vigor envidiables, nosotros cada vez estábamos mas delgados y un poco ansiosos con el encierro y verlos a ellos retozar en paz con la barriga llena, nos hizo crecer una ira silenciosa, y uno de aquellos días oscuros en la cueva, hambrientos, y buscando una justificación para matar, la encontramos, un pequeño roedor alcanzo a traer entre sus dientes una almendra que nos hizo bañar la boca de saliva con solo imaginarnos el sabor acido en nuestro paladar, le pedimos y el no nos dio, se acurruco y la puso entre sus patas superiores y empezó a despedazarla por completo mofándose de nuestra necesidad, no recuerdo quien desato la golpiza que termino con la muerte del animalito, todos nos sentimos culpables, teníamos la respiración acelerada, mirábamos aquel espectáculo de sangre, conocimos la culpa, y también conocimos la fragilidad de la voluntad humana porque en cuanto nuestro pulso se calmo, el hambre. Las ansias nos aumentaron y tomamos la almendra, la tenia tan aferrada a sus patas que hubo que morderlas, el sabor a sangre y carne no era del todo molesto y era nuevo en nuestro gusto, el sabor metálico nos inundo, nos calmo el hambre pero también sin saberlo nos infecto para siempre de muerte, inventamos esa enfermedad y nos la consumimos sorbo a sorbo, pedazo a pedazo y la creación descubrió su antitesis, algo que hace parte de ella pero que nunca debió salir a flote, se las sacamos de las entrañas, golpeamos a la vida a la cara, pero el principal y mas grave descubrimiento fue el conocimiento de nuestra vulnerabilidad, el echo de saber que después de cometer el primer error, los siguientes pesaban menos en la conciencia porque cuando algo esta sucio no hay términos medios, algunos decidieron evitar la primera vez, pero otros pensando que podíamos controlarlo comenzamos a matar y a ocultar nuestros crímenes, comenzamos a ocultarnos nuestros deseos, a ocultarnos nuestros errores, nuestras necesidades, fue tan impactante aquel episodio que ya no hacíamos nuestras necesidades fisiológicas frente a los demás para que no distinguieran entre nuestros excrementos los rastros de la muerte, nos empezamos a alejar los unos de los otros, nos separamos construimos barreras sólidas con la excusa de protegernos de algunos animales que ya celosos por la desaparición y la repentina robustez del hombre se volvieron bastante agresivos, pero la mayoría se fueron, armaron madrigueras en la noche y se mudaron lentamente y sin casi percibirlo solo quedaron algunos animales que le temían mas a dios que al hombre y se subyugaron a nuestros deseos y se entregaron a su suerte, dios se percato de los movimientos, tomo un poco de luz y encendió la luna, ahora ya no estábamos a salvo tampoco en la noche, los animales se volvieron muy astutos y muy rápidos para huir a sus madrigueras pero nosotros que no veíamos en la noche nos sentábamos a pensar, a planear nuestros movimientos para engañar a dios, construimos pequeñas cajas que llamamos casas con las que nos cubríamos para salir y protegernos, todo porque nos dimos cuenta que dios tampoco comía árboles ni plantas, así podíamos salir de día y de noche cargando nuestras cajas encubridoras, permanecíamos en silencio mirando por las ventanas y de vez en vez podíamos estirar las manos y tomar alguna fruta y hasta cazar algún animal incauto que se acercaba buscando protegerse en nuestros refugios, los animales grandes casi estaban extintos, la voracidad de dios era incomparable, tuvimos que empezar a criar animales en las cuevas, les llevábamos alimento a nuestro propio riesgo y después cuando ya estaban grandes los expulsábamos para ser casados, de esta manera lo mantuvimos satisfecho, y pudimos salir sin protección alguna, el estaba pendiente de cuando sacábamos los animales, los recogía y nos dejaba tranquilos, hasta nos hacia favores, florecía nuestros árboles, germinaba nuestros cultivos, desviaba los ríos para que tuviéramos buenas aguas y todo se volvió tan metódico tan sistematizado que acordamos un lugar, un día, un ritual, una ceremonia y una persona encargada para llevar los animales a dios, así que tuvimos un tiempo de tranquilidad, luego vimos que dios muchas veces no llegaba a la cita, los ríos se secaban o a veces producían inundaciones, se dañaban nuestras cosechas y nuestros animales morían de raras enfermedades, no entendíamos que pasaba, hasta que caminando por el bosque lejos de nuestras aldeas vimos a dios con hombres de otros pueblos comiendo animales en gran cantidad, y comiendo personas, aquellos pueblos además de ofrecerle cientos de animales, también le ofrecían sus propios cuerpos por eso sus campos eran primaverales, sus mujeres rozagantes sus animales eran un monumento a la robustez, el agua de sus arroyos eran como chorros de un velo transparente, chorros de aire pesado que recorrían sus tierras llenas de abundancia, cuando contamos esto en nuestra aldea algunos propusieron que escogiéramos quienes se sacrificarían para ser bocados de dios, otros dijeron que debíamos ir en la noche cuando la luna estuviera cubierta por el cabello de dios, y en la total penumbra robar sus animales, orinar sus aguas, y pisotear sus cultivos porque seguramente ellos nos habían robado los favores divinos adrede, otros propusieron hacer ambas cosas y así seguir siendo los favoritos por siempre, dejamos de criar, de cultivar por perfeccionar nuestro ataque, así fue, en la noche sin darles tiempo de encender sus antorchas arrasamos con sus cosas, y la carne del hombre probó la muerte del hombre, olfateo la podredumbre que sostiene la vida, porque ellos no se quedaron estupefactos y quietos ante el saqueo, lucharon, nos golpearon y los golpeamos, nos mataron y los matamos, y fue asì como la energía dejo de ser materia y se elevo para volver a la energía fuente de dios deshicimos el nudo de carne y hueso que nos mantiene unidos a la tierra , esa fue la primera vez que matamos hombres, y como había explicado antes, no seria entonces la ultima, vendrían guerras, la separación de la humanidad por los favores de dios, un dios que volvimos loco, nos desaforamos en batallas, en sacrificios, dios andaba de un lado para otro, un día con nosotros un día con ellos, al día siguiente con ninguno así que un buen día se aburrió de nosotros, desapareció, y el universo, y todo dentro de el empezó a caminar solo, un reloj de infinitas vueltas empezó a girar sus agujas con implacable rigidez, para donde se fue?, empezamos a sentir esa soledad inmensa, profunda como si la necesidad de èl fuera en la carne y no en el espíritu, estábamos solos y la soledad se inventò así misma como otro dios creado en el futuro, así quedamos con el inmenso espacio para nosotros, y ahora que hacíamos sin dios?, con enemigos en los animales, con enemigos en los hombres, y con el espacio como un mar lleno de fieras invisibles que no nos dejarían salir en busca de nuestro protector, recuerdo que la soledad nos hizo inventar divinidades, que no tenían mas poder que el de nuestra ansiedad por creer en ellas y hubo quienes por casualidades de las vida obtuvieron favores del destino y se lo atribuyeron a sus ídolos y se convirtieron en hombres poderosos ante nuestros ojos, crearon reglas dictadas por su dios y nos mantuvieron cautivos porque aprendieron a manejar nuestro miedo, porque en ese tiempo mas que aprender a manejar las herramientas de casa, de cosecha o de guerra lo principal era aprender a manejar la palabra, se volvió un instrumento para dominar las mentes y nos domino la libertad durante mucho tiempo, luego vino otro dios que inteligentemente pensó que la mejor manera de tenernos contentos era ser totalmente diferente a nuestro dios anterior sin inculcarnos el miedo, sin reprimirnos, nos manejo con su belleza de ángel, nos atrapo con su labia fácil con su sonrisa sobre humana con su aliento de primavera y con sus ojos cristalinos venció nuestra voluntad y fue un tipo de dios mucho mas peligroso porque nos hizo sacrificarnos sin darnos cuenta, muchos se ofrecían para ser su sena, su persuasión su encanto eran tan poderosas como el miedo que le teníamos a nuestro primer dios, parecíamos enamorados de aquel ser que envuelto en su aura de inverosímil pureza nos conquisto ,sin darnos cuenta en que momento le entregamos todo, hizo saturar nuestra libido, nos libero de nuestras culpas y pensó que darnos tanta libertad era la solución para convertirnos en sirvientes calmados, en esclavos incapaces de percibir nuestra propia dependencia, pero eso no fue suficiente, fuimos mas crueles mas apasionados en nuestras batallas, también se aburrió de nuestras luchas por agradarle, de la tendencia primaria de arruinar al otro para sobre salir , el estupido instinto que nos hace cimentar la gloria en la miseria de los demás para que luzca mas grandiosa cuando en realidad no lo es. Así que también se fue, solo dejo una estela de chispas en el aire y se marcho humillado.

Nuestro primer dios tuvo hambre nuevamente y volvió después de consumirse medio universo y vio que el hombre y los animales nos habíamos reproducido pero no quería crear nuevamente las guerras, no quería complicarse sus cenas con las absurdas peleas de los hombres que arrasábamos la tierra dejando tantas madres estériles, tanto suelo sin semilla que simplemente le provocábamos agrieras y sabia que terminaría aguantando hambre en un mundo desolado por criaturas envidiosas, así que trato de enmendar sus errores y los del dios que vino después de el a usurpar algo para lo que lo habíamos creado, pero nuestra capacidad para crear seres superiores era casi infinita, podíamos imaginar y traer a la realidad seres inverosímiles para que nos ayudaran a vivir, pero no podíamos con la soledad, nuestro gran demonio, nuestra incapacidad para vivir sin apoyo, aquella maldita cobardía fue la que nos volvió unos seres tan egoístas, y nuestro primer dios creyó que dándole poderes a un hombre que lo representara y que pregonara la unión de los hombres seria la solución para su problema, que lo sentiríamos tan cercano a nuestra indefensa condición, y así era, ese que vino en nombre de nuestro primer dios era la solución a cualquier problema que pudiera tener especie alguna en el universo, pero increíblemente no era la solución oportuna así que atravesamos su corazón, con una lanza como a muchos otros hombres, con una punzada certera de soberbia y egoísmo como a algún dios.

Nuestro creador se sintió desconsolado, recuerdo que llorò días y noches enteras, inundo nuestro mundo con el agua salada de sus lagrimas y entristeció con una pena tan sólida al universo que muchos simplemente se dejaron ahogar en aquellas mareas saladas porque no resistieron el peso de la melancolía, mas de un mes lloro, hasta que un día ceso la lluvia y se sintió el suspiro infinito que impulsaba al universo mismo, luego escuchamos una maldición, una recriminación por un olvido fatal en la creación, la explicación certera de nuestra naturaleza hasta ese momento incomprensible, a dios se le había olvidado crear el presente no lo habiamos creado con es poder.

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