Me desperté abruptamente porque el autobús freno, mi mente hizo el recorrido meteorico desde la noche anterior, la pijama, los sueños, el despertador, la parada del autobús, el pago del pasaje, hasta este preciso momento cuando por fin justifique mi ubicación en ese puesto al lado de otro trabajador que al igual que a mi, la realidad lo ataco a mansalva como un sabueso que encontró a su presa y le da la primera sacudida y la victima se reconoce perdido y se entrega sin oponer resistencia, miramos alrededor y claro recordamos que ya íbamos por la Terminal de transporte intermunicipal, faltaba en tiempo unos veinte minutos para llegar a la fabrica ósea que con suerte dormiría diez minutos mas, pero en aquel reconocimiento de mi entorno mire por la ventana el autobús estaba detenido justo frente a la valla publicitaria de Castella Underwear, era una valla que promocionaba un nuevo conjunto de ropa interior femenina y utilizaba para ello a una modelo bellísima, por primera vez después de muchos años de pasar por allí a la misma hora en el mismo autobús con el mismo uniforme la perfecta, descripción de la monotonía, los vidrios estaban un poco empañados, la madrugada era fría allá afuera, limpie un poco el vidrio con la manga de mi uniforme y me puse a mirar a la modelo, la reconocía, era una de las modelos mas cotizadas del país y seguramente la misma valla estaba en cientos de lugares a lo largo del país, y como dije por primera vez, mire su rostro, me detuve en sus ojos que me miraban, por un momento sentí que a través del tiempo, a través de la lente del fotógrafo, a través del papel adhesivo de aquella vaya, ella me miraba con sus ojos gigantescos y claros, que por un momento sentí la necesidad de apartar la mirada como si me hubiese incomodado con la suya, fija y penetrante, mire hacia otro lado y luego tímidamente volví a mirarla y ella estaba allí todavía con sus ojos fijos en mi, soportando el frío con estoicismo en aquel atuendo tan sugestivo. El autobús inicio la marcha de nuevo y yo seguía despierto, nos alejamos y me fui pensando en ella, me preguntaba si mis pensamientos la habrían despertado, si por un breve instante, mientras dormía, soñó que un hombre desde un autobús la miraba semi desnuda y no miraba su cuerpo, si no que la miraba a los ojos, es posible, nunca lo sabré. Mi compañero estaba dormido nuevamente y su cuerpo era un juguete de la inercia, casi todos estaban dormidos, el conductor tenia música a bajo volumen, era una tonada de moda, pero no me emociono para nada, solo miraba mi entorno, a aquel montón de madrugadores con sus malos sueños, los trabajadores con sus barbas descuidadas, con la ausencia de cualquier corte de pelo entregados a la practicidad del desarreglo, miraba también a los estudiantes con sus libros gigantescos adormilados tratando de aprender alguna formula a ultima hora que les salvase en el examen. Era el mundo desarrollándose con su libreto hipnótico, mientras yo moría de amor en el penúltimo puesto del lado izquierdo de un autobús, de la ruta Niquia-Terminal del Norte, con dos mil pesos en mi bolsillo izquierdo porque el derecho estaba roto y el carnet de la empresa marcado con el nombre de Juan Carlos Ramírez, con las uñas negras de aquella grasa de maquina que ni la manicurista mas diestra en su arte podría arrancar sin revolver el mugre con la sangre y yo despierto, mientras ella dormía, aun así no me sentía miserable, soy de aquellos que no pelean contra el destino, pero de vez en cuando suspiro pensando como seria subir unos escalones en la jerarquía de la existencia, estos autobuses producen tantas crisis existenciales que deberían contratar conductores con algún titulo en psicología.
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