
Tengo un sueño bastante pesado, profundo, por eso en vez de usar la alarma de mi teléfono, prefiero usar un reloj con campanilla muy viejo que encontré en una anticuaria , el tipo de sitio al que el trabajador promedio latinoamericano con una vida heterosexual normal no entra antes de los 40, pero se me ocurrió de repente en medio de una broma que le hacíamos en el trabajo a una colega que tiene unos gustos extremadamente desactualizados y que aun en los días mas calurosos en el que la ciudad se desnuda, ella sigue vistiendo sus traje con chaqueta y cuellos altos, que parecen sacados por unos niños del baúl de la abuela cuando a solas se disfrazan de gente mayor, así que en una descripción graciosa de su habitación de los años cincuenta tuve la visión de un reloj antiguo de aquellos cuyo timbre podría provocarle un daño irreparable a los tímpanos de un bebe, suficiente para sacarme del coma en el que caigo todas las noches, no tuve que esforzarme mucho para conseguirlo, en el primer almacén que visite, estaban en grandes cantidades así como los radios viejos que eran los mas solicitados para adornar los bares de moda y pintarlos con colores ácidos y darle su toque de sofisticación y modernidad, una de las cosas incompresibles de los seres humanos que le dan mayor valor a algo viejo que se moderniza que algo que ya es moderno, los sinsentidos de aquella necesidad de distinción , el almacén era atendido por un señor de unos sesenta y cinco años que al parecer se le ocurrió que contar la historia de cada objeto seria un valor agregado, y efectivamente así era porque eran bastante costosos, supongo que el hecho de que las cosas pertenecieran a simón bolívar o a Cristóbal colon o a Rafael Núñez les daba un precio mucho mas alto, lo curioso es que todos los objetos tenían su certificado de autenticidad, pero en ningún certificado vi la firma de Antonio Nariño, ni de Leonardo da vinci , lo cual quería decir que otro certificaba que los objetos pertenecían a todos estos muertos famosos, vaya uno a saber si no es una fabrica de antigüedades sobrevaloradas, en fin, no podía ponerme a discutir ,solo quería solucionar mis problemas para madrugar, lo compre por el precio de 5 veces un reloj alarma digital, pero si este llevaba mas de de treinta y cinco años funcionando sin dañarse era el adecuado para evitar un despido después de dos llamados de atención por llegadas tarde , ese doce de abril fue una noche común, sin sobresaltos, como siempre me levante con la saliva delgada y totalmente insípida de los que padecemos problemas hepáticos, heredados de padres con problemas de alcohol que se bebieron el licor de su generación y de la siguiente, esta vez no hice pereza ni puse resistencia a levantarme tratando de reforzar con mi actitud la buena idea del reloj, me levante de un salto como si hubiese dormido varios días, me enjuague la boca para quitarme esa sensación molesta de que la boca no te sepa absolutamente a nada, no hubo suspiro en el espejo mientras miraba mis ojos enrojecidos, y las marcas en el ceño y alrededor de mi boca como si llorara mientras duermo, no me quede pensando que el tiempo pasaba y que ayer había pensado lo mismo, me metí a la ducha rápidamente sin hacer el ritual oriental de ir metiendo al chorro de agua las partes mas alejadas del corazón, al contrario, el chorro pego inicialmente en mi pecho y no sentí tanto frío como en otras ocasiones, me restregué con fuerza con bastante dinamismo, con algo de alegría, me seque con energía fui por mi ropa interior tiritando por un frío agradable, revitalizador, relinche como un caballo y reí solo, me puse mi ropa interior de la suerte que en realidad la llamaba así porque me gustaba el color blanco en la ropa interior y a pesar de que tenia una barriga descuidada provocada por tanta comida rápida y por permanecer en mi trabajo casi diez horas sentado apoyándola sobre mis genitales, supongo que cualquier cosa que se apoye en los genitales tiene su tendencia a deformarse, por algo mi ropa interior siempre perdía su forma original y no es porque ostente una gran dotación, debe ser algo de la posición , aun así con ese color debajo de mis pantalones me sentía mas seguro y algo atractivo, era el único color con el que no sentiría vergüenza si por descuido o por fallas me queda el cierre del pantalón abierto y exhibo el blanco intenso de mis calzones de algodón lycra, lavados con esmero después de un día de remojo en detergente con suavisante y secados con mucho cuidado en el único rincón del pequeño departamento que tenia el privilegio de recibir el sol. Esta vez no tuve la reflexión existencial al ponerme las medias y como no demore mucho para levantarme de la cama me quedaron quince minutos que los gaste haciéndome un buen desayuno, nunca desayunaba porque la elección era entre dormir unos minutos mas o comer algo y a pesar de que ya a las nueve de la mañana reniego de haber elegido dormir porque mi estomago me reclamaba a golpes y gritos, pero ese día el olor a huevos revueltos con cebolla y tomate que venia del primer piso me hizo antojarme, rápidamente pique las verduras y me agasaje con tres huevos y un par de tostadas con queso crema que milagrosamente no estaba rancio después de permanecer dos meses en el refrigerador esperando que decidiera darme de desayunar, el chocolate soltaba un aroma endemoniado, adictivo que daban deseos de beberlo por la nariz, lo bebí en la temperatura tibia que me gusta y saboreé con gusto los huevos, tanto así que no me cepille los dientes después de comer porque el sabor en mi boca era tan agradable que deteste por un momento el sabor a pasta dental con el que todos los días partía hacia mi trabajo. todavía me quedo un instante para verme como estaba peinado y me di cuenta que salir con el cabello mojado no aseguraba un buen aspecto porque en el proceso de secado empezaban a aparecer las ondas y terminaba teniendo un aspecto de nerd gubernamental que no se compadecía con mis intentos de tener una apariencia ruda, en el espejo moví aquí y allá y logre quedar con una imagen mucho mas vanguardista, tome la decisión inapelable de operarme los ojos y quitarme las gafas que me ponían diez años mas, a pesar de su color negro mate y su marco rectangular que eran usadas por todos los ejecutivos jóvenes y exitosos del país, pero para recuperar la imagen con la que salía de mi casa y que se mutaba con el transcurso del día me sometería a la cirugía láser tan renombrada. Abrí la puerta y el vaho helado de la mañana me golpeo la cara con su guante de duelo y me barrio las arrugas de las pesadillas, trayendo consigo el canto de aquellos pájaros resistentes y rebeldes que se han negado a darnos su territorio y todavía entonan sus cantos, los himnos de su patria celeste que por esas coincidencias del expansionismo humano se les achico por nuestros cableados, por nuestros edificios, por nuestras torres, pero que en siglos y siglos de lucha y de gaznates desgastados continúan peleándolo con sus arengas mal entendidas por nosotros y hasta admiradas sin saber siquiera que clase de insultos se camuflaban detrás de aquel bello trinar, pero bueno mientras no lo entendiera podía seguir disfrutándolo, camine lento con las manos en los bolsillos, había tiempo y estar caminando a esa velocidad con cierta despreocupación era realmente agradable, llegue a la portería de mi unidad residencial y no había nadie, trate de mirar por el cristal polarizado pero no se veía nadie sentado frente al monitor y menos al botón que abre la puerta eléctrica, mire hacia todos lados tratando de hallarlo quizá en los parqueaderos o talvez cerca de los juegos infantiles de la unidad residencial, pero por ningún lado se divisaba, me tranquilizó ver una taza de café todavía humeante a través del cristal, posiblemente estaba en el baño en una de esas urgencias que no respetan responsabilidad alguna, así que me quedé esperando simplemente y comenzaron a llegar más personas hasta el punto que en la puerta estábamos ocho trabajadores ansiosos por salir y tomar el metro o el autobús, algunos se desesperaron en los primeros cinco minutos y a los diez minutos todos estábamos en un grado de impaciencia absoluto y silbábamos, gritábamos, dábamos golpes al cristal, pero no aparecía el portero que se asomó exactamente a los quince minutos cuando ya llevaba yo cinco minutos de retraso, vino con cierta parcimonia displicente con la aptitud de exonerado por causa justa que nos enfureció aún más, yo no le dije nada, algunos si le gritaron: irresponsable, descarado y otras palabras que no recuerdo, yo solo guardé silencio porque siempre trate de tener empatia con cualquier empleado del mundo por cierta solidaridad de gremio pero en realidad en ese momento me contuve porque si quería descargar toda esa frustración en ese pobre hombre que trataba de explicar que a doña Fernanda, la dueña de la papelería de los locales externos de la unidad se le había roto una llave del agua y lo había llamado para que cerrara la válvula externa, pero nosotros que culpa teníamos de la inutilidad de doña Fernanda, pero como pedirle a un pobre ser como Ramírez de no discernir en un conflicto de intereses como este, cual era la actuación adecuada, así que mientras caminaba rápidamente hacia la esquina ya no con las manos en los bolsillos si no a un paso de marchista que de haber un cronómetro seguramente me hubiera clasificado para las olimpiadas de atletismo, me di cuenta de que no podía culparlo a pesar de saber que me esperaba nuevamente un memorando o un llamado de atención en el mejor de los casos, llegué a la esquina para esperar el autobús, que llegó casi de inmediato pero conmigo también estaban seis personas mas que ingresaron antes y el autobús inicio movimiento dejándonos a dos usuarios allí sin poder subir, todo por la premura que llevan a esa hora y el autobús iba lleno completamente porque seguro intentó asegurar el viaje recogiendo a todo el que podía y demorándose en llegar a la última esquina del barrio, pagando nosotros las consecuencias, la otra persona que se quedó conmigo, un señor de unos cincuenta años si le gritó algunos improperios alusivos a la profesión practica y poco académica de su madre, yo como siempre me guardé mis comentarios pero pensé lo mismo que el señor expuso tan elocuentemente, en este mundo siempre encontramos interlocutores que se encargan de expresar lo que a algunos nos cuesta decir, si lo sabré yo que siempre en el colegio le pedí ayuda a pablo lozano con las niñas para que les dijera que me gustaban, que las amaba y claro el amor es un mensaje, un recado de aquellos que en un cuarenta por ciento benefician al mensajero por lo que no era casualidad si no completa causalidad estadística que siempre me quedaba con las ganas, mientras pablo mi mejor amigo había nacido con el don de ser directo y sin titubeos cuando se trataba de comunicarse con los demás, por lo que a pesar de que mi recado era contundente, ellas se impresionaban con la franqueza y los ojos soñadores y terminaban en sus brazos yo solo me limitaba en mi estupidez romántica a desearles que fueran felices siempre y alegrarme por su felicidad, aquellos tiempo del autismo amoroso eran complicados, pero pablo era mi mejor amigo y aunque pudiera parecer una especie de swinger, en realidad no era así, en ningún momento disfruté viendo a pablo con ellas, por el contrario fueron noches terribles, de lágrimas inmensas como gotas de cristal de las lámparas finas, llorando en silencio para que mis hermanos no preguntaran que me ocurría, de lavar mis ojos en el baño con poca luz a media noche para que la hinchazón de parpados no me delataran al desayuno y de simplemente seguir deseando un beso, una mirada, una caricia, y todas las cosas cursis y empalagosas que ayudan a crecer sano ese animal emocional que no hace si no afilar sus garrar en las paredes internas de mi corazón, pero que podía hacer si pablo era mi amigo y yo era testigo de que mis mensajes llegaban a sus destinatarias y no cambiaba de mensajero porque el era mi mejor amigo y mas que eso era mi vos, mi vos cuando quería insultar, mi vos cuando quería burlarme, mi vos cuando quería ser vulgar, pero mas que mi vos cuando deseaba enamorar a alguna niña y ese era el único problema. Sabia que el siguiente autobús debía pasar en cinco minutos y con la ventaja de que vendrían puestos libres, pero le sumaba cinco minutos más a mi llegada, pensé en tomar un taxi, pero buscando en mis bolsillos no tenia el dinero suficiente, solo tenia el dinero para el autobús y hoy cristina una colega del trabajo me pagaría una pequeña deuda y con eso estaría cubierto el almuerzo y los pasajes de autobús del resto de la semana, el señor que me acompañaba también pensó lo mismo y detuvo un taxi y me preguntó si lo compartíamos pero tuve que decirle con mucha vergüenza que no tenia dinero , realmente pensé que me diría que no importaba que el asumía el gasto al fin y al cabo debía ir hacia el centro de la ciudad obligatoriamente, pero cerró la puerta del taxi con cierto mal humor y se fue, quedé solo y pensando que esperar que los demás hagan lo que nosotros seriamos capaces de hacer es algo bastante frustrante. Me quedé solo esperando, y el autobús llego casi inmediatamente pero contando las paradas que debía hacer para recoger usuarios, llegaría realmente tarde, por lo menos había una ventaja y era que el autobús traía muchos puestos disponibles, así que me senté y traté de calmar mi ansiedad mirando la calle y esporádicamente mirando a una jovencita universitaria bellísima con la que había compartido autobús en algunas ocasiones y que en una de esas ocasiones coincidimos en la misma banca y supe que estudiaba sociología e hice uno de esos comentarios estupidos que los hombres como yo recordamos toda la vida, y lo contamos una y otra vez cuando nos reunimos con nuestros compañeros a hablar de triunfos y derrotas. Y claro haberle dicho a esta niña que si estudiaba sociología entonces era de izquierda, una especie de comunista, y que seguramente era de las que lanzaba piedras contra la policía en las manifestaciones seria el comentario nuevo para mi cadena de fracasos amorosos que en general no eran tantos porque rara vez me atrevía a ser tan intrépido y prefería como ahora tan solo soñar, soñar que una jovencita tan fresca e impactante se fijaría en alguien que a mi edad todavía anda en autobús y viste el uniforme de la empresa lo que revela inmediatamente que no ocupa un gran cargo, con una belleza física desterrada de los genes hace varias generaciones lo que puede ser la explicación al echo de que los primos de mi familia nunca fuimos realmente cercanos y sobre todo que padecía como muchos hombres de aquel bloqueo mental frente a la belleza, realmente mas que un bloqueo es un demonio que solo nos suelta la lengua cuando realmente no nos interesa, el día había empezado genial, pero comenzaba a sentir esa frustración que a ratos tomaba la misma ruta, no pagaba pasaje y se sentaba a mi lado a respirarme muy cerca con su aliento rancio de cigarrillo y café, quise reponerme de los escupitajos gruesos, viscosos, que da la vida, suspiré y miré hacia la banca de la estudiante, y vi que charlaba amena con un joven de su edad con muy buena apariencia con esos peinados modernos que si me lo hiciera yo realmente seria un disfraz considerando mi edad, mi forma de vestir y sobre todo la forma de mi cara que solo soportaba un cabello corto sin pretensiones de estilo, solo por cumplir con una característica humana. Me sentí, viejo, feo y pobre, pero ante todo infeliz, e incapaz de auto engañarme tratando de valorar las cosas que poseía, esa adicción por la inconformidad y la maldición del buen gusto a veces son un lastre tremendo en la vida de un hombre. El bus hizo una parada y se subió una señora de unos sesenta años de figura abigarrada y que caminaba por entre el vehiculo en movimiento con mucha dificultad, sentí algo de pena y me puse de pie inmediatamente, se sentó, se acomodó y cerró los ojos para dormir, la verdad esperaba las gracias, otra vez pretendiendo que los demás hicieran lo que yo haría. En el recorrido abordaron muchas personas, el aire se enrareció, las ventanas se empañaron y nos apretujamos de tal manera que en algún momento sentí el cosquilleo en mi oreja por el cabello de la señora que venia de pie a mi lado aferrada a la barra y también sentí en mi nuca la respiración de uno de esos hombres rudos de la construcción que talvez cansado de las putas gordas del barrio del oriente, o talvez en uno de esos días en que el animal invertebrado y cerrero que le pusieron entre las piernas se levanta a ladrarle, mientras piensa ,descontrolándolo, comenzó a restregar en mi espalda baja su sexo, lo que increíblemente encendió mi rabia y estuve tentado a propinarle un codazo y fracturarle el hígado al menos en cuatro partes, me aferraba a la barra y se me salía una lágrima de la furia que me recorría como un líquido hirviente, pero carajo!, mejor traté de apartar mi humanidad de su lujuria y me moví hacia un lado incomodando al hombre que venia a mi izquierda, comencé a entender las quejas continuas de las mujeres de tantos incidentes en el transporte público, y pensar que yo siempre tenia una burla para esa situación, no me parecía nada grave, y es mas, estuve más de una vez tentado a ser el perpetrador, pero definitivamente la sangre que me corría por las venas era demasiado dulce demasiado melosa para ser capaz de tal aventura, en el momento en el que hacia contacto con el cuerpo de mis victimas, se me congelaba el alma y entendía que el erotismo no se pretende, simplemente pasa, y pretenderlo era convertirlo en algo morboso, así que la culpa, ponía a funcionar mal la hidráulica de mi sistema reproductor y el sudor de la emoción mezclada con miedo, me empezaba a incomodar, retiraba mis armas y buscaba un lugar seguro para lamentar la falta de emoción de mi vida. No paso mucho tiempo cuando nuevamente volví a sentir el roce con aquel hombre y sentí ganas de golpearlo, y golpearlo, y golpearlo, y golpearlo, y creo que hubiese sido capaz de hacerlo, pero el se bajó del autobús, seguramente feliz de su triunfo sexual, mientras yo sentía la impotencia del abusado. Mi viaje terminó, baje entre empujones como pude porque como es costumbre habían varias personas bloqueando la salida y rara vez tratan al menos de hacerse a un lado para dejar salir a los demás. Realmente estaba enojado, era un día maravilloso y en el trayecto de mi casa al trabajo ya había pasado por tantos extremos emocionales que parecía que el viaje había durado varios meses, quizá era eso, que los seres humanos vamos arrastrando tantas cosas, anudándolas como en un automóvil de recién casados y cuando el automóvil se detiene, todas esas latas inservibles se vienen contra el, haciendo demasiado ruido. Respiré y me preocupé por mi llegada tarde, así que caminaba casi al punto de correr al igual que muchos que veía a mi alrededor, varios compañeros de desdicha con sus propias razones, o sinrazones tratando de cumplir su cita con la monotonía, a media cuadra divise a la señora que pide limosna los viernes, por costumbre siempre le doy mil pesos, porque me conmueve su rostro arrugado, su soledad vieja y la manera digna en que no pedía, por vergüenza, sino que colocaba un vasito desechable donde la gente ponía el dinero y ella le agradecía con una mirada conmovedora como si realmente le estuvieran salvando la vida, pase a su lado y señale mi reloj para indicarle que hoy no podía darle dinero porque estaba de prisa, hice un gesto de lo siento, seguí mi paso acelerado, pero volví a dar vuelta para poner mi mirada de disculpa nuevamente, cuando la sorprendí mirándome con odio y sin ser un lector de labios experto, hay una palabra que cualquier ser humano fácilmente distingue cuando se gesticula en unos labios y de sus labios tiernos de anciana me estaba lanzo un insulto , no le gustó que no le diera mi cuota de lástima semanal, mi abono al pequeño lote en el cielo que hoy veía mas lejano, sentí una tristeza enorme, con esa palabra, esa anciana me acababa de robar la esperanza, toda la microscópica cantidad de fé que tenia en mi alma, dado el remoto caso de que el alma no se me hubiera escapado en los sudores de aquel sexo insípido con mis amigas de baja autoestima o en las lágrimas de soledad que me hacían maldecir a dios en las noches de almohadas empapadas en la salobre tristeza del llanto. llegué a mi trabajo con cierta resignación, con la actitud de nada me importa ya, y por fortuna fue así, porque don Ramiro Gómez me recibió en la recepción y con su experiencia de terrorista psicológico, simplemente me dijo- Matamoros, a las dos subes a mi oficina por favor-, con esas palabras tuvo para descomponerme el estomago, alborotarme la caspa en el poco cabello que me quedaba, y activar mis glándulas sudoripadas, me puso a realizar cálculos de mi liquidación, a pensar cuanto tiempo lograría sobrevivir con ese dinero, si me alcanzaría para darle a mama su cuota mensual, me tendría que olvidar de mi cambio de estilo de vida, este ritual de la desesperación era necesario porque sabia que al final, me sentiría extremadamente aliviado, porque todo el sufrimiento habría sido en vano, siempre ha funcionado, y a pesar de que todos los compañeros como es costumbre llegaban a mi escritorio a tranquilizarme, diciéndome que seguro la reunión en la oficina era con otro fin , yo continuaba con el protocolo de la desesperación, fui al baño unas diez veces con el estomago descompuesto y totalmente vacío, me miraba en el espejo que estaba justo en la puerta del baño, seguramente con la intención de tener un elemento de distracción y aliviar el estreñimiento generalizado que se propagaba en tiempos de auditorias, pero en ese momento no era mi caso, me miraba sudoroso frente al espejo, con mis pantalones abajo, con algo de caspa en los hombros, con algunos cabellos levantados en mi pobremente poblada cabeza y los ojos tristes de los condenados, era un cuadro patético, crudo, me levantaba, abotonaba con cuidado mi pantalón para no cometer ningún descuido vergonzoso, con un poco de agua amansaba los pelillos sueltos y trataba de darle forma a mi simulacro de peinado, esperaba un rato para que el olor pasara, ya era una costumbre porque tenia claro que muy pocas veces se alcanza a detectar la peste propia, algo de dignidad debe conservar un hombre sudado , con diarrea, caspa y con el empleo en la cuerda floja. La hora del almuerzo llegó, recordé que cristina debía pagarme un pequeño préstamo y había prometido hacerlo hoy, como negarle un préstamo a cristina con esa belleza tan exuberante, a pesar de su fama de irresponsable, negarse era un imposible para un heterosexual, porque es de esas exageraciones de la creación, que solo verla te provocaba muchas reacciones involuntarias en cada glándula del cuerpo, pero con mi estomago vacío, anhelando un caldo suave para aliviar esa sensación de muerte, me empujó la necesidad, de preguntarle sobre el dinero que me debía, me desarmo con una frase cursi y tierna con la que desbarato cualquier plan de comprar una deliciosa sopa para mi golpeado organismo, posiblemente la próxima semana me pagaría porque tuvo un gasto inesperado, mas sin embargo la vería en el restaurante de la esquina comerse una deliciosa lasaña con el subdirector, lasaña que igual no me provocaba en lo absoluto, pero de verdad moría de esa rabia que te hace dar jaqueca, me senté en los muros de los jardines sentado debajo de un laurel, encontré un caramelo de leche en mis bolsillos que sobrevivió a mi lavadora, lo desgusté lentamente, pasándolo con mi lengua de un lado a otro, tentado a morderlo, pero entonces no duraría mucho, me tranquilicé con el dulce, y mi estomago lo recibió con agrado, empezaba a sentir la resignación de mi suerte, cuando miré mi reloj y eran la 1: 30 pm, me fui para la oficina, entré al baño y me cepillé los dientes por rutina y me dirigí a la sala de espera de la dirección, a aguardar la llegada de mi jefe y averiguar de una vez por toda para que quería reunirse conmigo, llegó a las 2:10 pm, como si no fuera suficiente la tortura, al verme parecía no recordar que hacia yo allí y de repente recordó y me hizo entrar, tomé asiento y comenzó a hablarme como hablan los novios que van a romper una relación, enumeró mis virtudes, recordó el tiempo que llevaba en la empresa, lo difícil que es ser jefe, sus responsabilidades y por ultimo, me dio la estocada, simplemente habían personas con mejor rendimiento, con mejor disposición, y con mayor puntualidad, el mismo fue elevando el tono de las palabras hasta que termino hablándome enojado y simplemente terminó en un insulto, siendo completamente despectivo con mi figura, con mi personalidad, con mi vida, me dieron ganas de llorar, pero no llore, ganas de golpearlo, pero no lo hice, me levanté y le dije muchas gracias por todo, como si no sintiera en el fondo que esa actitud decorosa, no tenia ningún contenido honorable y no me hacia sentir mejor en lo mas mínimo, me retiré, entregué mi cargo a un compañero y probé algo peor que las falsas actitudes de aliento y buenos deseos, probé la falsa lástima, considerando que también la real es detestable, todos tenían cara de velorio como si realmente mi despido no fuera más que una noticia para comentar uno o dos días, ya ha ocurrido antes, y todo esta en el manual de la estupidez, simplemente decir: nos harás falta, te llamaremos, si necesitas algo aquí estamos, no te olvides de nosotros, etc. Entregue mi cargo lo mas pronto posible y me fui a casa, tomé el autobús que a esa hora va casi vacio y me senté a mirar por la ventanilla, pero mis ojos no miraban hacia fuera, miraban hacia adentro y mi mirada era una gota que resbalaba por cada recoveco de mi cuerpo arrastrando recuerdos, tenia ganas de llorar, me contuve en el autobús, me contuve cuando llegué a la portería de la urbanización, me contuve cuando salude a doña Magali, abrí la puerta de mi apartamento, la cerré, me apoyé en ella e iba a dejar salir el torrente, era la inminencia de esa búsqueda de un orgasmo emocional ,hice la mueca para exprimir el alma, cuando sonó ensordecedora la alarma del reloj, la sorpresa apabulló mis lagrimas, la sorpresa se me convirtió en rabia y caí en la cuenta, eran las 6 de la tarde en punto, lo que quería decir que con ese reloj no podría dormir mas de 12 horas, fue la excusa mas tonta e incoherente que se me ocurrió, fui a mi habitación inmediatamente, tome el reloj y no obturé la palanca de la alarma, si no que lo lance contra la pared con todas mis fuerzas una de las esquirlas del reloj vino con gran velocidad y me pegó en la frente, solté una gota de sangre me la limpié con los dedos de la mano derecha, me senté en la cama, miré la sangre en mi mano y lloré, no con el llanto tranquilo con el que lloraba antes de dormir, lloré con ese llanto de niño, doloroso, convulsivo, intenso, desgarrado, flemático.


4 comentarios:
Hola. Es delicioso leer tus escritos. Lo dejan flotando sobre este universo que a cada paso gime amor. Margarita María.
hola...en medio de mi ignorancia literaria...recuerdo que mi profe de castellano en el colegio insistia en que un buen escritor era aquel que tenia la capacidad de hacerte vivir la situacion que estaba narrando....por lo menos conmigo lo conseguiste, tome chocolate, sufri y maldeci......excelente!
Silvana
gracias margarita gracias silvana......que les puedo decir........es increible.....de verdad increible ver sus comentarios....ojala no sea mi mama haciendose pasar por margarita o silvana jaja ,,,,,,,mentiras un abrazo y gracias muchas gracias por tomarse el tiempo de leer mis locuras
me pregunto porque no has vuelto ha escribir nada????
silvana
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