lunes, 13 de julio de 2009
JUAN ÚLTIMO
En un mundo perpendicular al nuestro, para ser exactos, viven humanos físicamente perfectos, la manipulación genética y las cirugías lograron desarrollar en carne, a aquellos dioses de la fertilidad que en la antigüedad eran construidos en piedra por los primeros habitantes; pechos gigantes, nalgas grandes, labios enormes y falos descomunales. Podría pensarse que el sexo era el deporte nacional, considerando que en complemento, tenían pastillas que aseguraban horas y horas, hasta días de actividad sexual ininterrumpida, pero la realidad de ese mundo no era así; la tecnología, la automatización, una realidad virtual intimidante, sumada a las pandemias y a que simplemente cada genero comprendió que el amor era otro mal invento salido de proporciones y de contexto, como un mal músico bien promocionado, (la maravilla del capitalismo emocional). En esa sociedad vive Juan Garrido, al que todo el mundo llamó Juan último, por ser la última alma que se disputaron Dios y el demonio como resultado de haberse dedicado sistemática y metódicamente a ser el ultimo en todo. Desde los 5 años cuando tuvo consciencia de que el hombre es el vertebrado mas competitivo de la creación (remedio para no matarse a mordiscos con los otros) y después de probar el éxito con su resumen de abrazos, risas, orgullo y varias sensaciones dulzonas adictivas, y después de probar el fracaso; con el vacio, la desazón, melancolía y otra serie de sentimientos que se comprimen en las lagrimitas de los niños. Tomó la rotunda decisión secreta y disfrutable, de ser un experto en el fracaso. Ese 13 de julio llegó del colegio, dejó la lonchera, su computador portátil, su mascota electrónica y algunos dulces con movimiento en la mesa, sin mirar siquiera el almuerzo que le taladraba con su aroma las glándulas salivares, se fue hasta la sala, corrió su sillón rojo, lo puso frente a la ventana holográfica ubicada justo donde debería estar una ventana real hacia la calle, pero las vistas reales hacia el exterior eran un lujo que solo pocos podían costear, aún así su ventana holográfica era suficiente, le presentaba en 3D, en tiempo real y gracias a los 1245 satélites escaneadores de google holographics una realidad virtual con impresión de olores, simulación de viento y una que otra mierda de gaviota o de paloma dependiendo del sitio elegido. Juan siempre la ubicaba en playa Cristal, podía quedarse el día entero, impávido, ido, transportado, sin moverse siquiera para esquivar la cagada de las gaviotas; allí con los ojos puestos en las olas en medio de una ciudad a 3000m sobre el nivel del mar, decidió inscribirse en cuanto concurso existía, desde planchado extremo, escupitajos, pasando por concursos de maquillaje de gatos angora, de fritado de tajadas de plátanos, concursos de cuento y otros mas que rayaban en el ridículo, pero que eran un buen instrumento para convertirse en el último en todo, fueron años y años de competencia con incompetencia, también fue el último heterosexual, fue el último que aún escribía a mano, fue el último humano sin cirugías estéticas, sin tatuajes, sin pearcings, sin extensiones, sin maquillaje. Hasta hoy que murió y en su testamento en papel, con palabras escritas a mano, tomó la decisión de no permitir que su cuerpo fuera congelado, a pesar de que habían descubierto la manera de revivir y curar a muchos fallecidos durante 5 años más, era muy incipiente la estimulación del alma y por eso morían y eran recongelados nuevamente, habían logrado inyectarle una combinación de energía térmica y energía eléctrica a los cuerpos pero algo aún faltaba. Juan decidió ser la última alma, y las historias de la batalla entre el cielo y el infierno son relatos épicos que no pueden ser narrados en dos páginas. El mundo se enteró de la muerte de Juan porque nada escapa a la red, ese día por respeto a su irreverencia, aquella racional, no intencional, se desconectaron millones y millones de sus computadores como un acto de luto, inútil como todos los actos de luto, y mas considerando que luego hubo un colapso porque todos querían ver las fotos de la ultima tumba.
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